Luego de una sobredosis de opioides, solo el 30% recibe tratamiento contra la adicción

Aubri, una residente de Boston que ha usado heroína, sufrió una sobredosis en 2017, y dijo que no le ofrecieron ningún tratamiento. (Jesse Costa/WBUR)

Más de 115 estadounidenses mueren al día por sobredosis de opioides. Muchos otros sobreviven gracias al antídoto naloxone. Pero un nuevo estudio halló que solo 3 de cada 10 pacientes revividos por un paramédico o en una sala de emergencias reciben el tratamiento de seguimiento que puede evitar una futura tragedia.

El estudio, publicado en Annals of Internal Medicine, hizo el seguimiento de 17,568 pacientes de 2012 a 2014 en Massachusetts. Observó las tasas de supervivencia a lo largo de ese tiempo y si los pacientes habían recibido medicamentos para tratar la adicción.

De los pacientes que sí recibieron medicación, 3,022 adultos tomaron buprenorfina, conocida con el nombre comercial de Suboxone, y 2,040 pacientes recibieron metadona. Al año, el grupo que utilizó Suboxone tuvo una tasa de mortalidad 40% más baja, comparado con aquellos que no recibieron ningún medicamento. Los resultados de la metadona fueron aún más potentes: una tasa de mortalidad 60% más baja.

Alrededor del 6% de los pacientes estaban consumiendo el bloqueador de opioides naltrexona (su nombre comercial es Vivitrol), pero en general solo por un mes. No tenían más probabilidades de estar vivos después de un año que aquellos a quienes no se les ofreció terapia o no tomaron un medicamento.

Phill y Deana están en tratamiento por su adicción a la heroína. Phill dijo que encontró una luz de esperanza con el tratamiento con Suboxone que recibe en el programa para personas sin techo del Boston Health Care. (Jesee Costa/WBUR)

“El hallazgo sorprendente es que tenemos tratamientos efectivos para las personas que sobreviven a una sobredosis, pero solo 3 de cada 10 reciben esos medicamentos”, dijo el doctor Marc LaRochelle, autor principal del estudio.

LaRochelle dijo que aconsejar el tratamiento debería ser tan común como la recomendación de rutina de tomar aspirina a los pacientes que han tenido un ataque al corazón.

“La reducción de la mortalidad que vemos con estos medicamentos es similar a la de una persona que sufre un ataque cardíaco y que luego consume aspirina. Es uno de los tratamientos más efectivos que tenemos en medicina”, dijo LaRochelle, médico de atención primaria e investigador del Centro de Adicción de Grayken en el Boston Medical Center.

Pero señala una gran diferencia: el 98% de las personas en este país reciben aspirina para prevenir un ataque cardíaco.

La brecha en la atención es similar a los hallazgos de un estudio en el Reino Unido, pero la investigación de Boston es la primera en seguir a pacientes estadounidenses atendidos en un hospital o por técnicos médicos, dijo la doctora Nora Volkow, directora del Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas (INAD).

“A diferencia de otras crisis que hemos vivido en el país, ahora contamos con estrategias efectivas de tratamiento que podrían abordarse y salvar vidas”, escribió Volkow en un editorial que se publicó junto con el estudio. “Sin embargo, decenas de miles de personas mueren cada año porque no han recibido estos tratamientos”.

Para entender por qué tan pocos pacientes reciben metadona o buprenorfina, solo se necesita cruzar la calle del Boston Medical Center, donde trabaja LaRochelle. Hay clínicas que ofrecen ambas drogas, y hay un intercambio de agujas, enfocado en la reducción de daños para usuarios de drogas que todavía están en adicción activa. En las primeras horas de la mañana, algunos hombres y mujeres hacen fila para recibir su dosis diaria de metadona, otros comienzan el día con una inyección de heroína o fentanilo, y dos hombres intercambian billetes arrugados por dos tabletas azules.

Scott, un hombre de 38 años de Lowell, se apoyó contra la pared de un edificio. Dijo que tuvo varias sobredosis, pero que no le ofrecieron Suboxone hasta después de la tercera.

“El problema es que muchos de estos médicos no quieren recetar algo así después que la persona tiene una sobredosis porque sienten que abusarán del medicamento”, dijo Scott. (solo se mencionan los nombres de pila en la historia porque todavía pueden estar comprando drogas ilegales).

Scott admitió que ha abusado de Suboxone. Tanto Suboxone como la metadona son medicamentos que contienen opioides. Si se toman tal cual se recetan, bloquean la adicción.

Pero con Suboxone, “mucha gente toma dosis más altas, lo que provoca una reacción más fuerte, o lo venden para tener dinero”, dijo Scott.

Otros lo mezclan con alcohol u otros medicamentos, lo que causa efectos distintos. Pocos médicos están capacitados o tienen experiencia para tratar adicciones tan complejas. Scott dijo que “entiende por qué son reacios a recetar cosas” como Suboxone.

Algunas veces es el paciente quien es reacio a comenzar un tratamiento asistido por medicamentos.

“Existe la percepción que las personas no están ‘limpias’, entre comillas, si no dejan de consumir todas las sustancias, y eso impide que sigan el tratamiento con medicamentos, que es lo más efectivo”, dijo Aubri, quien está tomando metadona y dice que funciona.

Pero Aubri dijo que la forma en que se entrega la metadona es degradante. A diferencia de Suboxone, que los pacientes pueden obtener de un médico de atención primaria durante una cita de rutina, la metadona está estrictamente controlada, por lo general solo disponible en clínicas designadas.

“Se siente como una cárcel”, dijo Aubri. “Hay rejas. Hay guardias de seguridad. Nadie quiere estar allí. La única razón por la que las personas van es porque lo necesitan”.

Muchas comunidades continúan rechazando solicitudes para abrir clínicas de metadona. Los pacientes en áreas rurales a menudo conducen más de una hora de ida y vuelta para tener su dosis diaria. Los obstáculos para la atención contribuyen a un sentimiento entre muchos pacientes adictos a opioides: que los médicos y hospitales simplemente no quieren ayudar.

“Nos tratan como basura”, dijo Deana, mientras abrazaba a su esposo Phill. “No somos así porque somos malas personas”. Ambos tienen historias de maltrato para compartir. Pero Phill está viviendo la experiencia opuesta tomando Suboxone, through a clinic at the Boston Health Care for the Homeless Program.

“Te dan asesoramiento, terapia. Es como una familia “, dijo Phill, haciendo una pausa se escucha la sirena de una ambulancia. “Te hacen sentir bienvenido y amado y te dan la sensación de esperanza que puedo tener una vida libre de drogas”.

Muchas cosas han cambiado desde el período 2012-2014 de este estudio. Cada vez más médicos pueden recetar buprenorfina y la cantidad de pacientes que pueden controlar ha aumentado de 100 a 275. Los hospitales están comenzando a prescribir buprenorfina en la sala de emergencias y a abrir clínicas sin cita previa para recibir atención de seguimiento. En Boston, hay una camioneta móvil que lleva la prescripción de buprenorfina a las calles.

A LaRochelle le preocupa que los pacientes, como se ha visto en este estudio, todavía no permanezcan en tratamiento por más de unos pocos meses y estén perdiendo los mejores años de sus vidas. Alrededor del 66% de las personas en el estudio tenían menos de 45.

“Necesitamos reevaluar cómo estamos brindando la atención y asegurarnos de que podamos mantener a la gente bajo tratamiento”, dijo LaRochelle.

Incluso con la tasa de solo 3 en 10 pacientes que reveló el estudio, Massachusetts todavía estaba ofreciendo un mejor tratamiento con medicamentos opioides que muchos estados hacia 2014. Esto se debe a que el 97% de los residentes del estado tienen seguro médico, la tasa más alta en el país. En muchas otras partes, es difícil encontrar a alguien que prescriba metadona o buprenorfina.

“Todavía tenemos un estigma abrumador para los pacientes con la enfermedad de la adicción”, dijo Sarah Melton, profesora de práctica farmacéutica en la Universidad Estatal del Este de Tennessee.

Volkow, de INAD, está alarmado por otro hallazgo. El 34% de los pacientes recibe al menos una receta para un opioide, y el 26% recibió una benzodiazepina durante los 12 meses posteriores a la sobredosis.

“Esto indica que las directrices que advierten contra la prescripción de opiáceos y su uso conjunto con las benzodiacepinas no se están siguiendo”, escribió Volkow.

Esta historia es parte de una asociación que incluye WBUR, NPR y Kaiser Health News, un programa editorial independiente de la Kaiser Family Foundation.

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