Tirarle gas lacrimógeno a manifestantes en medio de la pandemia es un “desastre”

Los manifestantes enfrentan el gas lacrimógeno lanzado por la policía en una protesta el 31 de mayo frente a la Casa Blanca, por la muerte de George Floyd en manos de la policía de Minneapolis. (Samuel Corum/AFP via Getty Images)

En las manifestaciones a nivel nacional por la muerte de George Floyd bajo custodia policial, agentes han lanzado  spray pimienta y gas lacrimógeno contra las multitudes.

Estas armas que se usan para controlar a manifestantes rara vez son letales, pero en medio de la pandemia de coronavirus, hay fuertes pedidos para que la policía deje de usar estos irritantes químicos: pueden dañar el cuerpo de manera que incremente la propagación del coronavirus y eventualmente aumentar la gravedad de COVID-19.

Incluso antes de la pandemia de coronavirus, expertos dijeron que se necesitaba investigación adicional sobre los riesgos del gas lacrimógeno, un término general usado para varios “agentes químicos antidisturbios” utilizados por la policía.

Se sabe que los químicos pueden tener efectos en la salud tanto inmediatos como de largo plazo.

Su uso generalizado en las últimas semanas, mientras que una enfermedad infecciosa, para la cual no hay vacuna, continúa propagándose en los Estados Unidos, ha sorprendido a expertos y médicos.

El coronavirus que causa COVID-19 es altamente contagioso, se propaga fácilmente a través del aire por gotitas de saliva o fluidos nasales, y puede provocar una enfermedad respiratoria grave o mortal.

El despliegue de estos productos químicos corrosivos e inhalables podría dañar de varias maneras: exponiendo a más personas al virus, comprometiendo la capacidad del cuerpo para combatir la infección e incluso causando infecciones leves que complicarían el cuadro de COVID.

“Esta es una receta para el desastre”, dijo Sven Eric Jordt, profesor asociado e investigador de la Escuela de Medicina de la Universidad Duke, quien estudia los efectos del gas lacrimógeno.

Jordt se refiere a estos químicos como “gases de dolor” porque activan ciertos nervios sensibles en la piel y en las membranas mucosas de los ojos, la boca y la nariz.

“Sientes un dolor insoportable, estornudos, tos, la producción de una gran cantidad de moco que obstruye la respiración”, dijo Jordt.

Las personas que han estado expuestas describen una sensación de ardor y escozor, incluso de asfixia y ahogamiento. Algunas veces los químicos causan vómitos o reacciones alérgicas.

En la aplicación de la ley, los oficiales generalmente usan dos tipos de productos químicos para el control de multitudes: gas CS y gas pimienta.

El ingrediente activo en el spray de pimienta, llamado capsaicina, deriva de los chiles. Generalmente se usa una granada del spray en espacios reducidos o se lanza hacia las multitudes en forma de “bolas de pimienta”.

El gas CS (o-clorobenciliden malononitrilo) es un químico orgánico clorado que puede inducir “inflamación muy fuerte” y “daño químico” al quemar la piel y las vías respiratorias cuando se inhala, explicó Jordt.

“Usarlo en la situación actual con COVID-19 es completamente irresponsable”, agregó. “Hay suficientes datos que prueban que el gas lacrimógeno puede aumentar la susceptibilidad a los patógenos, a los virus”.

Jordt dijo que la investigación sobre los daños del gas lacrimógeno no ha seguido el ritmo de su uso cada vez mayor en los Estados Unidos y en todo el mundo en los últimos años.

La base científica detrás de su uso data de estudios de los años 50 y 60, dijo Jordt.

Pero un estudio de 2014 del ejército de los Estados Unidos ofreció una visión alarmante de cómo la sustancia química podría empeorar una pandemia. La investigación halló que los reclutas que estuvieron expuestos al gas lacrimógeno como parte de un ejercicio de entrenamiento tenían más probabilidades padecer enfermedades respiratorias como el resfriado común y la gripe.

“Tenemos muchas defensas antivirales que pueden inactivar los virus y evitar que entren en las células”, dijo. “Estos se agotan por inhalación de gas lacrimógeno y también se ven comprometidos”.

Luego de este hallazgo, el ejército redujo el uso de este gas durante los entrenamientos. “Incluso el Ejército se dio cuenta de que habían hecho algo mal y que esto era más tóxico de lo que pensaban antes”, dijo Jordt.

Aunque hay una cantidad limitada de investigación sobre este nuevo coronavirus, hay estudios de China e Italia sobre cómo otros irritantes, como el tabaquismo y la contaminación del aire, afectan a COVID-19.

Estos estudios indican que el gas lacrimógeno también podría hacer que las personas sean más propensas a desarrollar enfermedades graves, dijo el doctor John Balmes, neumólogo de la Universidad de California-San Francisco y experto de la American Thoracic Society.

“De hecho, creo que podríamos estar promoviendo COVID-19 entre los manifestantes por los gases lacrimógenos”, dijo Balmes. “Causa lesiones e inflamación en el revestimiento de las vías respiratorias”.

Balmes dijo que este período de inflamación retrasa las defensas del cuerpo y hace que sea más probable que alguien que ya alberga el virus se enferme.

“Está agregando combustible al fuego”, dijo Balmes. “Estas exposiciones al gas lacrimógeno aumentarían el riesgo de progresión de la infección asintomática a una enfermedad sintomática”.

La evidencia creciente muestra que muchas personas que tienen el coronavirus son asintomáticas y no saben que están infectadas o que están “presintomáticas”, infectadas con el virus y pueden infectar a otros, pero que aún no muestran síntomas.

Las miles de personas apiñadas en protestas masivas puede conducir a una explosión de nuevos casos. Las reuniones al aire libre generalmente disminuyen la posibilidad de propagar el coronavirus. Pero actividades como cantar y gritar pueden aumentar el riesgo.

El gas lacrimógeno y el spray pimienta también pueden sembrar confusión y pánico en una multitud. Las personas pueden arrancarse las máscaras y tocarse la cara, lo que genera más contaminación.

El doctor Amesh Adalja, de la Universidad Johns Hopkins, dijo que la reacción del cuerpo a los químicos hace que las personas eliminen más virus.

“Si están tosiendo, las partículas realmente se expulsan y son proyectiles que viajan aproximadamente 6 pies y podrían aterrizar en otras personas”, dijo Adalja, quien también es vocero de la Sociedad de Enfermedades Infecciosas de América.

Adalja anticipa que las protestas conducirán inevitablemente a un aumento de las infecciones.

“Sabemos que cualquier tipo de malestar social, especialmente en medio de un brote, solo empeorará las cosas”, dijo.

Dijo que el ejemplo más reciente serían los bombardeos en Yemen que exacerbaron un brote de cólera.

El doctor Rohini Haar, médico de emergencias en Oakland, California, ha estudiado el uso de agentes antidisturbios en todo el mundo.

“Estas armas en realidad no disminuyen las tensiones en la vigilancia comunitaria pacífica”, dijo Haar, quien es profesor en la Universidad de California-Berkeley.

Haar también ha estado tratando a pacientes con COVID-19. Ella reconoce que existe el peligro de propagar el virus en estas reuniones, pero no desanimará a las personas a asistir a las protestas y ejercer su derecho a la libertad de expresión.

“Es una situación realmente difícil”, dijo Haar. “Creo que la ironía es que las personas protestan legítima y justificadamente por la violencia policial y se enfrentan a una violencia que está empeorando las condiciones de la pandemia en medio de la cual estamos viviendo”.

La primera semana de junio, más de mil médicos y profesionales de la salud firmaron una carta abierta en apoyo de las manifestaciones.

El doctor Jade Pagkas-Bather, experto en enfermedades infecciosas de la Universidad de Chicago, es uno de ellos. La médica dijo que será difícil determinar si algún aumento en los casos fue el resultado directo de las protestas, porque están sucediendo en un momento en que muchos estados también están permitiendo que las empresas reabran.

“En la vida cotidiana, sopesamos los riesgos y beneficios de nuestras acciones. Las personas que salen a protestas están claramente en una coyuntura crítica en la que dicen que esta violencia es inaceptable, y estoy dispuesta a ponerme a mí y a otras personas potencialmente en riesgo”, analizó.

La carta abierta que firmó recomienda formas en que los manifestantes, la policía y los funcionarios locales puedan reducir la transmisión del virus. Entre las principales recomendaciones: la policía no debe usar gases lacrimógenos o gas pimienta.

Esta historia es parte de una alianza entre NPR y Kaiser Health News. 

Esta historia fue producida por Kaiser Health News, un programa editorial independiente de la Kaiser Family Foundation.

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