California busca liderar movimiento para descifrar los traumas infantiles

(Caitlin Hillyard/KHN illustration; Getty Images)

Imagina identificar una toxina tan potente que pudiera resetear el cerebro de un niño y erosionar su sistema inmunológico. Una sustancia que, en dosis altas, triplicara el riesgo de enfermedad cardíaca y cáncer de pulmón y redujera 20 años la esperanza de vida.

Imagina que luego te dieras cuenta que decenas de millones de niños estadounidenses fueron expuestos a esta toxina.

La doctora Nadine Burke Harris, flamante cirujana general de California, te diría que éste no es un escenario hipotético. Harris lidera un movimiento que intenta transformar nuestra comprensión sobre cómo las experiencias traumáticas que afectan a tantos niños estadounidenses pueden desencadenar enfermedades físicas y mentales graves.

El movimiento se basa en décadas de investigaciones que han encontrado que los niños que sufren estrés constante a diario –situaciones como abuso sexual, abandono emocional, enfermedad mental de una madre, el alcoholismo de un padre– sufren cambios bioquímicos en sus cerebros y cuerpos que pueden aumentar dramáticamente su riesgo de desarrollar problemas de salud graves, como enfermedades cardíacas, cáncer de pulmón, asma y depresión.

“[Nadine] probablemente sea la persona que más ha tratado de resaltar este problema”, dijo la doctora Mona Hanna-Attisha, pediatra reconocida por documentar el aumento en los niveles de plomo en la sangre de los niños en Flint, Michigan, después que la ciudad cambiara su suministro de agua.

Con la elección de Burke Harris como el primer cirujano general del estado, California está preparada para convertirse en una vanguardia para la nación al abrazar la investigación que rastrea las experiencias adversas de la infancia (ACE) con las consecuencias posteriores de enfermedad física y mental.

En distintas partes del país, es cada vez más común que las escuelas y los sistemas correccionales capaciten al personal sobre cómo los problemas académicos y de comportamiento pueden estar arraigados en el trauma infantil. Burke Harris visualiza un enfoque a nivel estatal en el que la evaluación del estrés traumático sea tan rutinaria para los pediatras como las pruebas de audición o visión, y los niños con puntajes altos de ACE tengan acceso a servicios que los ayude a desarrollar resiliencia y a que sus cuerpos jóvenes se restablezcan y desarrollen.

Como cirujana general de California, Burke Harris tendrá un poderoso púlpito para predicar y el firme respaldo de una nueva administración con bolsillos profundos. En sus primeras semanas en el cargo, el recién elegido gobernador Gavin Newsom dejó en claro que pretende derivar recursos importantes al desarrollo de la primera infancia. Newsom ha nombrado a varios expertos reconocidos en bienestar infantil, junto con Burke Harris, para ocupar puestos clave, y está promoviendo políticas centradas en los niños que incluyen licencias familiares extendidas para nuevos padres, visitas de enfermería domiciliaria para nuevas familias y preescolar universal.

En su primera propuesta de presupuesto estatal, lanzada en febrero, Newsom mencionó a las ACE por su nombre y se comprometió a destinar $105 millones para impulsar los exámenes de trauma y desarrollo en niños.

“No debería sorprender a nadie que me concentre en las ACE y el estrés tóxico”, dijo Burke Harris en una entrevista telefónica que se realizó apenas a unos días de comenzar en el cargo. “Creo que mi selección es un reflejo de dónde encaja ese tema en las prioridades de la administración”.

Un estudio que cambió el juego

La adversidad es el tipo de cosas que entendemos intuitivamente, al menos hasta cierto punto. Tener un padre que lucha con la adicción o la enfermedad mental es difícil para los niños, tanto como estar creciendo en un vecindario marcado por la pobreza, la violencia con armas de fuego o el abuso de drogas.

Sin embargo, un estudio de la década de los 90 sentó las bases para otra forma de comprender la adversidad: el trabajo sugiere que representa una amenaza generalizada para la salud pública.

Durante entrevistas con pacientes en una clínica de obesidad de Kaiser Permanente en el sur de California, el doctor Vince Felitti se sorprendió al ver que muchos confesaron haber sido víctimas de abuso sexual cuando niños. Se preguntó si las experiencias podrían estar conectadas. (Kaiser Health News, que produce California Healthline, no está afiliada a Kaiser Permanente).

Como jefe del Departamento de Medicina Preventiva de Kaiser Permanente en San Diego, tuvo acceso a una gran cantidad de pacientes para tratar de averiguarlo. Junto con los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC), encuestó a más de 17,000 pacientes adultos sobre 10 áreas de adversidad infantil. Entre ellas: ¿Un padre u otro adulto en su hogar abusó físicamente de usted? ¿Abusó emocionalmente? ¿Abusó sexualmente? ¿Estuvo preso? ¿Maltrataban a tu madre regularmente? ¿A menudo pasaste hambre? ¿Se divorciaron tus padres? Los investigadores calificaron a cada paciente, asignando un punto por cada respuesta afirmativa, y combinaron las respuestas con los registros médicos de los pacientes.

Lo que encontraron fue sorprendente. Casi dos tercios de los participantes informaron haber experimentado al menos un tipo de adversidad, y el 13%, aproximadamente 1 de cada 8, dijo que había vivido cuatro o más. Aquellos que informaron haber experimentado altas dosis de traumas en la infancia fueron mucho más propensos a tener problemas de salud graves en la edad adulta, incluidas enfermedades cardíacas, accidentes cerebrovasculares, cáncer y diabetes. Y cuanto mayor fue el puntaje de sus ACE, peor sería su salud.

Esto también se extendió a la salud mental: los adultos que informaron haber experimentado cuatro o más ACE tuvieron 4.6 veces más probabilidades de tener depresión clínica y 12 veces más probabilidades de haber intentado suicidarse.

En los 20 años posteriores, los científicos se han basado en la investigación, replicando los hallazgos y profundizando en el “por qué”. En términos más simples, los eventos traumáticos desencadenan oleadas de cortisol, la hormona del “estrés”. Cuando esas oleadas no se controlan por períodos prolongados, pueden interrumpir el desarrollo cerebral de un niño, dañar el sistema cardiovascular y causar una inflamación crónica que interfiere con el sistema inmunológico.

Y los niños realmente se meten en problemas cuando tampoco tienen el antídoto más conocido contra la adversidad: un cuidador amoroso y confiable. Sin esa estimulación positiva, los niños pueden desarrollar una excesiva respuesta a la amenaza y una menor capacidad para controlar los impulsos o tomar buenas decisiones. Los niños con puntuaciones ACE altas tienen más probabilidades de desarrollar un trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), y trastornos cognitivos que pueden hacer que la escuela sea una lucha. Es más probable que se conviertan en adultos que beben en exceso, son violentos o son víctimas de violencia.

La investigación es convincente, porque tiene el potencial de explicar tantos problemas de salud intratables. ¿Qué sucede si alguna parte de la Generación de TDAH realmente tiene PTSD? ¿Qué pasa si la obesidad y la hipertensión son trastornos con raíces en las experiencias de la infancia, y no solo lo que comemos en la cena?

“Lo que te sucede es importante”

Hasta ahora, el epicentro profesional de Burke Harris ha sido Bayview-Hunters Point en San Francisco, una comunidad vibrante con una historia de activismo, pero también muy empobrecida y empañada por la contaminación y la violencia. Fue allí donde Burke Harris, en su clínica pediátrica, notó que muchos de sus pacientes jóvenes con afecciones médicas graves también habían experimentado un trauma profundo. Y los pacientes que habían sufrido una adversidad grave eran 32 veces más propensos a ser diagnosticados con problemas de aprendizaje y de comportamiento que los niños que no habían sufrido eventos adversos.

Cuando un colega le presentó el estudio de ACE, vio a sus pacientes escritos entre líneas. Aunque estos problemas podrían concentrarse en Bayview, no estaban solo confinados a esa área. Esta era una crisis de salud que trascendía la raza, la clase social y el código postal.

En los años posteriores, Burke Harris ha estado promoviendo la ciencia de ACE a través de su trabajo en la clínica y su instituto de investigación sin fines de lucro, el Center for Youth Wellness (Centro para Bienestar de la Juventud). Viaja regularmente por el país para capacitar a otros pediatras en la detección y tratamiento de traumas. Ha escrito un aclamado libro sobre el tema, “The Deepest Well”, y su charla sobre el tema en la conferencia TED se ha visto más de 5 millones de veces en internet.

Ahora, Burke Harris dirigirá su enfoque singular de regreso a California.

Planea comenzar visitando todo el estado para escuchar a los médicos y otros líderes de salud sobre las barreras para aumentar el examen y la atención pediátrica. También hablará sobre la ciencia de las ACE. “Es Salud Pública 101, la sensibilización es una forma crítica de prevención primaria”, dijo.

Pero incluso con la financiación incluida en el presupuesto de Newsom, existen desafíos para estandarizar la evaluación de traumas. Por un lado: en medicina, es una práctica común que solo se evalúe lo que se puede tratar. Muchos médicos, incluso aquellos persuadidos por la investigación sobre la adversidad, han expresado su preocupación por la falta de protocolos establecidos para tratar el trauma infantil. ¿Qué puede hacer una pediatra, con sus visitas de 15 minutos y su extensa lista de tareas pendientes, sobre los males de un padre ausente o un vecindario plagado de violencia con armas de fuego?

En general, los expertos que trabajan en el tema dicen que un ingrediente crítico para ayudar a los niños a sanar es asegurarse que encuentren y desarrollen relaciones sanas.

“Todos queremos que nos vean, sentirnos escuchados, comprendidos y apoyados”, dijo Alicia Lieberman, investigadora de la Universidad de California en San Francisco, que se especializa en traumas en la primera infancia. Involucrar a los padres es un aspecto esencial del tratamiento, especialmente porque muchos han experimentado traumas ellos mismos. “Tiene que comenzar con un reconocimiento de que lo que te sucede es importante”.

Los investigadores encontraron un éxito temprano en intervenciones aparentemente simples: los terapeutas entrenan a los padres filmando y reproduciendo las interacciones positivas con sus hijos. Terapeutas que trabajan con profesores sobre cómo apoyar a sus estudiantes. La clave del éxito son programas de calidad que comienzan temprano y reconocen el papel de las relaciones dijo Pat Levitt, director científico del Hospital de Niños de Los Ángeles.

En su clínica, Burke Harris coordina con un equipo que trata la mente y el cuerpo del niño. Cuando un paciente obtiene una puntuación alta en la escala de adversidad, el terapeuta está al final del pasillo; se los conecta con clases de meditación, nutrición y ejercicio; se involucra a la familia en el asesoramiento; se monitorea agresivamente y se trata cualquier manifestación física.

La mayoría de las clínicas no están preparadas con personal para este enfoque intensivo.

La doctora Andria Ruth, pediatra de Santa Barbara Neighborhood Clinics, en California, se encuentra entre las que investigan cómo “tratar” la adversidad en un consultorio médico más tradicional. Su equipo de investigación está asignando aleatoriamente a los pacientes con resultados positivos de trauma a uno de tres grupos. A un grupo se le asigna un navegador que conecta a la familia con los servicios para necesidades básicas, como alimentos y vivienda. Un segundo grupo también ve a un terapeuta de comportamiento en sus visitas de bienestar infantil. El tercer grupo recibe ambos servicios y también visitas de los terapeutas en el hogar.

Ruth tiene un sano escepticismo sobre lo que es posible, pero ella y sus colegas están convencidos que el trauma infantil representa una amenaza para la salud: ninguno de ellos se sintió cómodo de incluir un grupo de control que no recibiera ningún servicio.

Estos expertos dicen que, en el panorama general, abordar las consecuencias del estrés traumático requerirá un cambio de paradigma más amplio, hacia un sistema que reconozca que el mal comportamiento puede ser un síntoma físico en lugar de una falla moral. El gobernador Newsom ha comenzado a actuar en esa dirección: en enero, dijo que trasladaría a la División de Justicia Juvenil del Departamento de Correccionales, que administra el sistema penitenciario del estado, a la Agencia de Salud y Servicios Humanos.

Obtener ese tipo de respaldo oficial es un gran impulso, dijo Jason Gortney, director de innovación de Children´s Home Society of Washington, la organización sin fines de lucro más antigua y más grande del estado dedicada al bienestar infantil. Dijo que su organización tiene muchos programas con resultados prometedores, pero conectarlos con agencias estatales que no están acostumbradas a trabajar juntas es un desafío.

Con Burke Harris haciendo su cruzada desde el puesto de cirujano general, dijo Gortney, él y otros defensores en todo el país esperan que California pueda iluminar el camino.

“Tal vez California pueda mostrar a algunos de los otros estados cómo hacer esto”, dijo.

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