Los más frágiles en Puerto Rico enfrentan el final de la ayuda por el huracán

Ausberto Maldonado volvió a Puerto Rico hace una década para cuidar a su madre enferma, luego de una vida como trabajador agrícola en los Estados Unidos continental. El dinero que recibe del Seguro Social no le alcanza para comprar alimentos para todo el mes. Y la ayuda por el huracán está terminando.  (Sarah Varney/KHN)

SAN JUAN, Puerto Rico –  Caminar por el patio trasero de Ausberto Maldonado, en Bayamón, un suburbio de San Juan, es un recordatorio constante del poder destructivo del huracán María.

“Vea, se rompió la rama de ese árbol, que es tan gruesa como un árbol, y ahora está en mi jardín”, dijo Maldonado, un jubilado de 65 años.

El árbol caído, y las ratas que viven en él, impiden que Maldonado cuelgue su ropa. Para quitar el árbol, debe presentarse en una oficina del gobierno local. Pero las úlceras diabéticas en sus pies hacen que le duela caminar.

Después de una vida de trabajo en los Estados Unidos continental, recogiendo maíz y espárragos, y procesando pollos en plantas avícolas, Maldonado regresó a Puerto Rico hace una década para ayudar a cuidar a su madre enferma, quien ya falleció. Hoy, el hombre retirado vive al día. Recibe $280 por mes del Seguro Social y $89 al mes en cupones de alimentos: alrededor de $3 al día para comida.

Seis meses después que el huracán María devastara Puerto Rico y su economía, matando al menos a 1.052 personas, se suman situaciones indignas cada día, especialmente para las personas frágiles o ancianas. Muchos sienten que la actual crisis económica es casi tan amenazante como la tormenta.

El huracán también paralizó la red eléctrica de la isla, y hasta el domingo 25 de marzo 86,000 consumidores aún no tenían electricidad en sus hogares y negocios, afectando a cientos de miles de personas.

En la región montañosa central de la isla, ciudades y vecindarios enteros continúan dependiendo de los costosos generadores a gas, poniendo en riesgo a los adultos mayores y enfermos crónicos que dependen de ventiladores y máquinas de apnea del sueño. Muchas casas a la vera de las carreteras permanecen completamente a oscuras y no tienen agua limpia.

El apoyo de emergencia del gobierno, que ayudó a pagar algunos servicios de atención médica y las necesidades de transporte relacionadas con el cuidado de salud de los puertorriqueños después de María, se está acabando. Las donaciones privadas de agua y alimentos se han reducido. Y no está claro quién continuará con ese trabajo, si es que alguien lo hará.

Maldonado abrió los gabinetes en su ordenada cocina. Hay algunas latas de carne en conserva, espagueti y frijoles. Suena melancólico cuando cuenta lo que le gusta cocinar.

“Cuando tengo suficiente comida, cuando hago mis compras”, dijo, “tengo huevos, pan, café y jugo para el desayuno. Me gustaría hacer espaguetis o algún tipo de ensalada y tal vez un pequeño postre para la cena”.

Pero el horno está desenchufado, y no hay jugo ni huevos ni lechuga. Han pasado meses desde que comió verduras frescas, contó Maldonado.

“Cuando hay muy poco, entonces me pongo a dieta”, dijo.

Ya era bastante difícil llenar sus estantes antes de la tormenta, pero ahora, dado que muchos grupos de ayuda están cancelando sus donaciones, Maldonado necesita encontrar dinero para comprar agua potable y embotellada, y para reemplazar su refrigerador, que se rompió por la tormenta.

Para comprar alimentos, debe esperar dos semanas para su próximo cheque del Seguro Social.

“Estoy esperando hasta el día 10 para poder hacer mis compras nuevamente, si puedo encontrar la manera de llegar”, dijo Maldonado. “Entonces es cuando volvería a tener productos, lo suficiente para hacer tres comidas: almuerzo, desayuno y cena”.

Aunque la luz en la nevera de Maldonado todavía funciona, los cortes de energía durante el huracán María rompieron el mecanismo que enfría la comida y la insulina de la que depende. (Sarah Varney / KHN)

Mantener una dieta decente no se trata solo de evitar el hambre; la diabetes está consumiendo el pie de Maldonado, y a menos que coma alimentos saludables y use su insulina, los médicos lo han advertido, su pie deberá ser amputado.

Maldonado abre la puerta de su refrigerador roto y apunta a un frasco que contiene algunas gotas de insulina, el último de sus suministros hasta que pueda pagar el copago de $3 por los reabastecimientos y busque transporte hasta la farmacia.

“El farmacéutico dijo que podría almacenarse en un lugar oscuro [sin refrigeración] durante un par de semanas”, dijo.

Idealmente, la insulina debe mantenerse fría, pero los refrigeradores rotos y la falta de energía en muchos hogares en Puerto Rico presentan riesgos sombríos para la creciente población de personas con diabetes.

Leslie Robles, una enfermera que visita a Maldonado cada mes, examinó la herida abierta de 3 pulgadas de largo en su pie. También se sentaron a la mesa de la cocina bajo la impresión de “La última cena” de Leonardo da Vinci y examinaron montones de papeles para la próxima cirugía de cataratas a la que el hombre debe someterse.

Robles le dijo que el servicio de transporte médico gratuito que el gobierno puso a disposición de un gran número de personas después de la tormenta expirará pronto, y que ya no calificará para viajes gratuitos.

Pero Robles no le dice que el programa de enfermeras visitantes para el que trabaja, operado por VarMed, una compañía de administración de servicios de salud cuya atención fue pagada por el gobierno, también está cerrando.

VarMed ha estado ayudando a coordinar la atención médica, los servicios sociales y la vivienda para miles de puertorriqueños durante cuatro años. La compañía, en las últimas semanas, despidió a más de 100 enfermeras y trabajadores sociales en toda la isla, ya que el gobierno local busca modificar su contrato de Medicaid con las compañías de seguros.

No está claro cuánto tiempo más Robles podrá ayudar a Maldonado, y a otros pacientes como él, que tienen Medicaid y necesidades médicas complejas, los pacientes de “alto costo y alta necesidad” en la isla.

El gobierno quiere que las aseguradoras contratadas por Medicaid desarrollen sus propios programas para estos pacientes, pero lo más rápido que esto sucederá será en el otoño.

Mientras tanto, Maldonado dijo que no tiene a nadie que lo ayude a comprar alimentos, llenar recetas e ir a las citas médicas; los voluntarios que lo ayudaron a sobrevivir el huracán María están volviendo a sus propias vidas.

En muchos sentidos, él también está volviendo a la misma vida espartana que tenía antes de la tormenta. Pero con la red de seguridad de la isla que continúa debilitándose, y con su propia salud cada vez más frágil, Maldonado dijo que se siente solo.